martes, mayo 08, 2007

aburrimiento

Esta chica, tan autóctona cómo el nombre de una de nuestras misses, recibió inesperadamente la herencia de un tío en Budapest que ni sabia que existía.

Con esos churupos viajó a Saigón en una búsqueda espiritual (y para conseguir un sombrerito de esos que usan los arroceros), luego aprendió a tocar la balalaika y finalmente regresó a nuestro país con el firme objetivo de producir grupos de rock alternativos.

4 comentarios:

  1. "tan autóctona cómo el nombre de una de nuestras misses"

    Jaja, me hiciste reir. Saludos, Germán.

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  2. Pero no se puede negar que le legaron un cuello digno de un cheeta ¡que bárbara!

    Un abrazo en castellano,

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  3. Jajaja, balalaika! Sé que existe por Encarta.
    Me encantó :)
    Saludos!

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